Ayudante de Almas

En un pequeño pueblo habitaba un niño el cual tanto los maestros como los niños se les hacía raro pues no le gustaba estar con nadie y decidía mejor quedarse solo en un rincón sin hablar con nadie.

Él solía contarle a sus padres que siempre escuchaba voces de personas que le hablaban por su nombre, más su papá pensaba que eran solo inventos de él, al contrario su madre siempre lo apoyo y le creía por completo.

El niño pensaba que siempre se la pasaría solo y sin amigos y no es algo que le preocupara, pero cuando iba creciendo poco a poco fue acercándose más a la gente.


El chico decidió irse del pueblo para lograr completar sus proyectos y tener un mejor trabajo. En una tarde le llamaron avisándole que su madre estaba muy grave. Pensando que cuando falleció su papá no pudo asistir al entierro, definitivamente tenía que estar con su madre pues al ser hijo único era su obligación.

Ayudante de almas
Él llegó al pueblo y al entrar a su casa después de muchos años de no visitarla volvieron los susurros. Él le contó a su madre que yacía postrada en la cama. Ella con las pocas energías que le quedaban le contó que también las escuchaba y que es un don que venía de generación en generación pues su abuela también lo tenía. Le comentó como su abuela se dedicó a ayudar a aquellas voces pues se trataban de espíritus que necesitan ayuda para poder descansar en paz y que lo hizo hasta su muerte. En ese momento su madre dio el último suspiro y falleció.
El chico entre el dolor y la desesperación de aquella voz de una mujer no pudo conciliar el sueño. En los siguientes días el volvió a escuchar la voz pero en esta ocasión se escuchaba en un cuarto en específico. Imaginó que había alguien en su casa y se dirigió al cuarto dándose cuenta de la imagen de una mujer que le llamaba. Él, asustado, subió a su recamara y se acostó. Sólo se la pasaba recordando lo que le había contado su madre, pues nunca le menciono que su abuela podía ver a las almas. Cuando ya le estaba ganando el sueño, volvió a escuchar la voz de la mujer, pero era una voz más extraña. Él no quiso abrir los ojos pero se armó de valor y al abrirlos vio como una mujer estaba flotante sobre de él. Él le dijo que no le ayudaría pues pronto se iría del lugar. Ella se empezó a reír mientras iba desapareciendo por el techo y le dijo, yo no quiero tu ayuda, yo vine por ti.
El chico al día siguiente le dijo a la mujer que la ayudaría, desde ese entonces se ha dedicado a ayudar a todas las almas que le pidan ayuda.

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