Leyenda de las gemelas

En una localidad apartada de la ciudad, una familia vivía felizmente. Papá, mamá y dos gemelas integraban el hogar. Su casa se ubicaba cerca de una transitada carretera, la cual debían cruzar todas las mañanas para llegar al colegio de las niñas. Su madre siempre las acompañaba hasta la escuela, aunque luego debía devolverse sola para acudir a su trabajo.

No tenía problema con ello, la seguridad de sus hijas estaba primero. La rutina se repetía una y otra vez, sin ningún percance. Hasta que, en una mañana como cualquier otra, las gemelas, tras desayunar y vestirse, emprendieron la caminata hasta la institución académica junto a su madre.

El clima era fresco. Una niebla arropaba el lugar, acompañada de pequeñas gotas de agua que parecían un suave rocío. Justo a mitad del recorrido, la mujer recibe una llamada desde su trabajo, se trataba de una emergencia. Era requerida inmediatamente en la oficina. Indecisa, opta por dar un voto de confianza a las pequeñas de 12 años, quienes tenían ya memorizado el camino al colegio.

Leyenda de las gemelas
-Niñas, debo ir a mi trabajo. Hoy irán solas a la escuela, recuerden tener mucho cuidado al cruzar la carretera.
Le dijo la madre a sus hijas. A lo que ellas respondieron, al unísono:
-Sí, mami. Seremos cuidadosas.
Las gemelas empezaron su recorrido, esta vez sin supervisión. Cuando llegaron al peligroso cruce, la neblina dificultaba mucho la visibilidad. En medio del asfalto, las pequeñas no vieron el camión que se acercaba a toda velocidad. Un estrepitoso sonido anunció el descenso de las niñas.
Años pasaron después de la fatalidad, y la mujer que alguna vez dejó ir solas a sus hijas al colegio, volvió a salir embarazada. Para su sorpresa, nuevamente se trataba de gemelas. Al nacer, eran protegidas con suma cautela. Crecieron siendo vigiladas a todas horas. A su madre le aterraba la idea de revivir el nefasto evento de sus fallecidas hijas.
Era el aniversario número doce de las chicas, casualmente, misma fecha en que la tragedia tocó la puerta de la familia hacía ya años. Aprovechando un descuido de su progenitora, se dirigieron a la transitada carretera. Lo tenían prohibido, por obvias razones. En el lugar, no habían pasado ni cinco minutos cuando su madre les localizó. Con lágrimas en los ojos, les suplicó que nunca se acercaran de nuevo a ese cruce. Las pequeñas la vieron con sus grandes ojos verdes, para decirle:
-Tranquila, mami. No volveremos a ser atropelladas.

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